jueves, 5 de noviembre de 2009

El triste final del Abramovich del basket


Por Sole Leyva
Su Mercedes S500 se paró el pasado jueves frente a un semáforo de Moscú, muy cerca de la oficina de Vladimir Putin, uno de sus amigos íntimos. Dos pistoleros le esperaban escondidos en un Lada Priora, aparcado en un lateral de la calle. Dispararon hasta 18 veces contra el coche. Diez de las balas impactaron en su cuerpo.

Se acababa así el sueño de Shatbai Von Kalmanovic, 62 años, ex espía de la KGB , multimillonario amante del deporte, considerado por muchos el Abramovich del basket (era dueño y entrenador del Spartak de Moscú femenino). Su muerte, planeada, por encargo, un misterio que tiene difícil solución en un país donde el crimen viaja muchas veces bajo el paraguas del poder político y económico.

"Fue un asesinato planeado", sentenciaba la policía moscovita. Pero, ¿quién está detrás de su muerte? Echando un vistazo a su intenso currículum, el abanico se amplía como las alas de una mariposa. Nacido en la Lituania soviética en 1949, Kalmanovic se trasladó con su familia -judía- a Israel a comienzos de los 70. Fue detenido en 1986. La Justicia israelí le condenó a 10 años de cárcel acusado de espiar para la KGB. Ex agentes del servicio secreto admiten que no era un espía al uso, que pertenecía a una amplia red de agentes secretos, pero que no era un profesional. Como diría Gila, les hacía "chapuzas".

Mientras penaba condena su fortuna aumentaba ceros gracias a sospechosos negocios inmobiliarios en la capital rusa. Tras cumplir sólo siete años de condena -fue ayudado por las presiones de un importante lobby judío de Rusia y además alegó problemas de salud-, Kalmanovic volvió a Moscú, donde rápidamente montó una empresa de eventos. Entre sus méritos, llevar a actuar en Moscú en los 90 a estrellas del calado de Michael Jackson, Lizza Minelli -con la que se le vinculó sentimentalmente- o José Carreras. Para entonces ya era uno de los empresarios rusos más respetados... y forrados.

Sus negocios se diversificaron. Inmobiliarias, representación de famosos, negocios farmacéuticos, empresas deportivas. Amante del basket, a principios de los 90 compró acciones del Zalguiris Kaunas y se convirtió en dueño del Spartak de Moscú famenino, con el que ganó las últimas tres Euroligas. Gracias a él, estrellas de la WNBA, como Sue Bird o Daia Taurasi enseñaban su basket en Moscú durante el verano. Dicen que les pagaba diez veces de lo que cobraban en EEUU. Las baloncestistas eran su talón de Aquiles. Se le relacionó con varias de ellas. Cuentan que cuando alguna de sus jugadoras cumplía años, les dejaba la tarjeta de crédito para que se compraran lo que quisieran. Él pagaba.

Su último negocio, una empresa farmacéutica montada con un conocido jefe mafioso, Vyascheslav Ivankov, al que invitó hace un año a la boda de una de sus hijas -tenía cuatro hijos con tres mujeres distintas-. Ivankov fue tiroteado también el pasado verano. El negocio farmacéutico es un terreno pantanoso en Rusia y los países de su entorno. Mucho dinero en juego. En ese ámbito Kalmanovic no era un zar, como en el baloncesto, en el que invirtió millones de euros de su fortuna aun a cuenta de perder dinero... sólo por el placer de promocionar el deporte que amaba.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Los León y el extraño atentado de ETA


Por Rocheteau
Érase una vez un señor de Mula (Murcia), trabajador del registro y sindicalista, de nombre León. Tuvo dos hijos y eligió sendos nombres compuestos: Pedro León y Juan León. Y Pedro, que a su vez concibió otros cuatro, conservó la tradición: el primero fue León, a secas, y los siguientes Pedro León, Luis León y Antonio León. Cosas de una familia llamada Sánchez.

La anécdota genealógica (mejor o peor contada, ya os la sabéis todos) habría bastado para ornar las gestas deportivas de los León —Luis, 25 años, ciclista y doble ganador en el Tour, y su hermano Pedro, 23 años, ala diestra del Getafe—. Pero no para alumbrar una leyenda. Para eso hacen falta tragedia, épica, destino... y una prensa como la española, tan dada a no confirmar las informaciones.

A Pedro León padre, guardia civil, lo destinaron al País Vasco de los años 80, una sabana de tiros y banderas en la que, vestido de verde y con tricornio, se era a veces cazador y a veces pieza de safari. Sólo habían nacido León y Luis, y la familia echaba los días sin salir en la casa cuartel de Aretxabaleta.

Recuerda la prensa patria (y se cuela hasta Wikipedia), cada vez que Luis cruza el primero la meta, cada vez que Pedro la clava en la escuadra, la historia del padre guardia civil herido en un atentado de ETA en Bilbao. Recuerda la prensa patria que fue un coche bomba y que, obligado a hacer bici para recuperar la movilidad en la pierna izquierda, transmitió a sus hijos un coraje a pedales como el que propulsó a Luis, el pasado Tour de Francia, hacia la victoria en el Col d’Agnès.

Sólo que no se trató de un atentado. Ni de un terrorista de ETA. Y ni siquiera ocurrió en Bilbao. Cosas de las leyendas. «Éramos una patrulla de nueve guardias con un cabo. Nos habían mandado a cubrir el paso de un alto cargo por la autovía Bilbao-Irún a la altura del peaje de Zarauz (Guipúzcoa). Tomamos el paso y yo protegía uno de los carriles. Un coche venía de frente y no deceleraba. Me embistió y pude echarme al suelo, pero me destrozó la pierna», rememora Pedro León.

El peligroso pistolero que atentó contra él era un conductor epiléptico que sufrió un ataque justo al acercarse al peaje y se estrelló cientos de metros después. Lo último que supo Pedro de él es que había sufrido ya 20 operaciones y seguía con mala pinta. León padre sigue sin entender de dónde ha salido la historia de ETA.

—Una última pregunta: ¿por qué usted no lo ha desmentido?
—Porque no me lo preguntó nadie.

martes, 18 de agosto de 2009

La judía que hizo el saludó nazi en el 36

Por Sole Leyva
Helen Mayer era rubia, alta y tenía los ojos verdes. En su especialidad, la esgrima, era una de las mejores del mundo. Alemana de nacimiento, era el paradigma de la raza aria que Adolf Hitler quería que dominara el mundo. Un pibón de la época -sus largas trenzas rubias rompían corazones- que además era un crack cuando se enfundaba la careta.

Con 17 años consiguió la medalla de oro en los Juegos de Ámsterdam de 1928. En Alemania las muñecas con su cara se vendían como churros. Sólo tenía un gran fallo para el Führer, un fallo que resultó letal para seis millones de personas. Mayer era judía.

Tuvo suerte. Si aquel verano de 1933, cuando Hitler se alzó con el poder votado por el pueblo, no se hubiera ido de intercambio a una escuela de esgrima de California, probablemente hubiera acabado en un campo de concentración, con su maleta, sus zapatos y su florete arrinconados en algún cuartucho de aquellos malditos campos de la muerte.

Poco después de que el Führer ganara las elecciones, se descubrió que el padre de Mayer era judío. Mayer quedó exiliada en EEUU. Se le retiró la nacionalidad alemana. No fue la única.
La Asociación de Box Alemana expulsó al campeón aficionado Erich Seelig por su condición de judío. Otro atleta judío, Daniel Prenn -el tenista alemán mejor clasificado- fue expulsado del equipo de la Copa Davis de Alemania. Gretel Bergmann, una campeona de salto, fue expulsada de su club alemán el mismo dramático año de 1933.

Hitler no los quería ver ni en pintura, pero la presión internacional, principalmente de los yankis, británicos y suecos hizo que el asesino de bigote plegara alas y prometiera que incluiría en la delegación alemana a 21 deportistas de origen judío. Todo estaba planeado para convertir los Juegos del 36 en Berlín en una plataforma publicitaria a nivel mundial y no iba a permitir que nada lo impidiera.

Donde dijo digo dijo Diego. 21 fueron los que prometió y finalmente sólo se incluyó a Mayer. La rubia judía consiguió la medalla de plata para Alemania, protagonizando junto a la lección del negro Jesse Owens una de esas grandes historias que jalonan el periplo olímpico. Y es que durante la ceremonia de entrega de medallas, para sorpresa de muchos, Mayer hizo el saludo nazi mientras gritaba 'Heil Hitler'.

Se especuló en la prensa internacional con que se vio obligada a hacer el gesto -toda la delegación alemana lo debía hacer- porque dos de sus hermanos vivían todavía en Alemania y temía represalias. La prensa oficialista apuntaba que Mayer realmente no se sentía judía. Nadie nunca supo que pasó exactamente por su cabeza, pero a Hitler le vino de perlas. Era un vértice más de su maquiavélico plan para mostrar una Alemania tolerante y pacífica. Si una judía saludaba el Führer, de que tenéis que preocuparos.

Alemania acaparó la mayoría de las medallas y su capacidad organizativa y los resultados de su campaña propagandística de un régimen moderado calaron a muchos. El New York Times llegó a señalar que las Juegos habían devuelto a Alemania a "la comunidad mundial" y le habían restituido su "humanidad". Qué rata astuta el pérfido Hitler.

Una vez finalizados los Juegos, Mayer regresó a los Estados Unidos y, en 1937, consiguió el oro en Campeonato Mundial de París. Moriría 15 años después en EEUU. La esgrimista que le arrebató el oro se llamaba Ilona Scharerer Elek, y competía bajo la bandera de Hungría, que luego se alió a Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Elek también era judía.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Un comunista en los Lakers

Morrison: ¿ajedrecista pajillero o jugador de baloncesto?
Por Rocheteau
Mark Few, entrenador de la universidad de Gonzaga, recomendó a sus chavales que fuesen a misa, al día siguiente se encontró con una leyenda en la pizarra del vestuario: "Religion is the opiate of the masses".

Adam Morrison podía haber sido un fan de Magic, pero le gustaba Larry Bird. Podía haber nacido en una gran ciudad, pero el chico es de Montana. Podía haber tenido cualidades atléticas, pero aunque Dios le dio 2.07 metros, le hizo más bien lento, diabético y con cara de paleto. Así que le dio por jugar al baloncesto en una universidad de chicos blancos, católicos y tirando a red necks: Gonzaga (véase John Stockton).

Con este currículum, Morrison no parecía nacido para jugar ante Jack Nicholson, seducir a esa gran Marbella versión skyline que es Los Ángeles, ser adoptado por Hollywood como Pau Gasol y encontrar su hueco en una banda de 12 tíos vestidos de amarillo nacidos para vender camisetas. Pues, para colmo, Adam Morrison es comunista. O eso creen los yankees.

¿Qué tiene en su habitación un teenager comunista? Un póster del che Guevara. Pues nuestro alero no. A él le va la droga dura y se colgó uno de ese periodista piloso de Tréveris: don Karl Marx.

Pelo a lo afro para un blanco
Cuando Morrison era un jovenzuelo que empezaba a meterlas de todos los colores, las crónicas destacaban su tendencia 'leftie' y la ánécdota del póster. En la final del campeonato estatal de institutos, con un ataque de hipoglucemia, se cascó 37 puntos. Luego, en Gonzaga (donde su juego empezaba a encontrar eco en todo EEUU), será por genética (su padre jugó en Europa y llevaba el pelo a lo afro... siendo blanco) o por rebeldía, le dio por dejarse crecer el vello facial.
Si a los Gasol les salió una estética entre Big Foot y Robinson Crusoe, a Morrison le dio un aire guevarista guevarista que, unido a su historia "ladiabetesnopermitiráquenoseaundeportistadeélite", hizo de él carne de Sports illustrated.
Sus aficionados, ataviados con falsos mostachos, portaban camisetas con el lema: "You can't stop the stache" (No puedes parar al bigote). Las aficiones rivales preferían coros como: "¿Dónde está Scooby?", por su parecido con Shaggy, el torpón grunge dueño del perro de dibujos.

Para Morrison, fan de Rage Against the Machine, los partidos eran rituales médicos. Cuando más tarde se jugase, mejor era para su cuerpo. Comía un filete, una patata hervida y una verdura exactamente dos horas y 15 minutos antes del encuentro. Pese a ello, en algunos partidos, Morrison llegaba a pincharse insulina cinco veces, mientras sus compañeros escuchaban las indicaciones del entrenador.

Anticapitalista o algo así
En un reportaje del USA Today, le preguntaron si se sentía comunista.

- sólo me interesa cómo un hombre pudo condicionar el siglo XX 150 años antes. No soy un comunista convencido. O un anticapitalista o algo así.

También le preguntaron a Few, el entrenador. Y él dio la clave: "Algunos pensaron que era un radical. Pero no lo es, aunque profundiza mucho en las cosas. Sólo es un tipo con el que puedes debatir. Alguien que ha leído mucho. Y bien".

El chico, quizás el jugador más conocido por el gran público de la cosecha 2006, llegó a los Bobcats como número 3 del draft. Había sido elegido mejor jugador del año en la NCAA y todos le auguraban el estrellato de la NBA. Tres años después, ¿alguien conoce en España a Adam Morrison?

Unos dicen que a la NBA no le gusta tener un criptocomunista entre sus mejores jugadores. Otros, que la diabetes es demasiado para el ritmo NBA. Su segunda temporada la pasó en blasnco tras romperse el ligamento cruzado de la rodilla. A lo mejor simplemente le pasó como a cientos de rookies: fracasó.

Pero a finales de la temporada pasada, los Lakers le hicieron venir de Charlotte. Morrison ya no lleva bigote y hasta se ha cortado el pelo, como si quisiera cortar de una vez por todas con la barrila del "jugador comunista". Bueno, del jugador que leía libros. Phil Jackson no le dio bola. Jugó 8 partidos y cinco minutos de media.

Pero llegaron las ligas de verano. Y Morrison ha vuelto a ser aquel chico torpón que las metía de todos los colores: desde fuera, a media distancia, jugando al poste... Ha metido más de 20 puntos de media y empieza a merecer un hueco en el roster, al menos como reserva de Lamar Odom.

Nunca será un verdadero laker. Ni arrastrará a los fans de Hollywood al Staples. Pero igual el "jugador comunista" termina por encontrar su hueco en el templo del enterntainment capitalista.

martes, 28 de julio de 2009

Ratzenberger: como Farrah Fawcett a 315 km/h








A la izquierda, el accidente de Ratzenberg. A la derecha, el de Senna.

Por Nunn
El 25 de junio de 2009 es el día en que se murió Michael Jackson, y el anecdótico día en que se murió Farrah Fawcett, aunque nadie se acuerde. El primero de mayo de 1994 es el día en que se murió Ayrton Senna, y el día siguiente al que se murió Roland Ratzenberger, aunque nadie se acuerde. La Fawcett se fue a unos cuantos kilómetros de Jacko, los dos en la soleada California. Ratzenberg se mató en el mismo circuito, Imola, en el mismo Gran Premio, San Marino, y por la misma causa, accidente de su monoplaza, que Ayrton Senna. Lo acojonante del asunto es que nadie se acuerde de él.

Pues sí, en la clasificación de aquel GP, que quedará para siempre en el recuerdo porque se estrelló el gran campeón brasileño, también tuvo un accidente un piloto menor, Roland Ratzenberger, que se destrozó la cabeza en la curva Villeneuve. Era la clasificación y el tipo decidió jugarse la vida: en la vuelta anterior se había golpeado el coche y tenía el alerón delantero en mal estado. En vez de parar, siguió. El coche se le fue a 314,9 kilómetros por hora y ahí se acabó su vida y su carrera en la F1. Efímera, que dirían los cursis.

El tipo, austriaco de 34 años y toda una vida peleándose en divisiones inferiores, había conseguido el sueño de su vida: un contrato por cinco carreras con la escudería Simtek en el paraíso de los pilotos, el circo que corre la minoría triunfadora. En la primera no se clasificó; en la segunda quedó undécimo, lo que quizá era un pedacito de pasaporte para un contrato para toda aquella temporada. Por eso, quizá, fue al límite. Y por eso, quizá, se mató. Aunque, evidentemente, algo habría que hacer para evitarlo. O no.

Y el gran premio se corrió...

Alguien debió parecerle poca razón para que aquella carrera se parase. Un luto menor, el tal Ratzenberger. Y eso que en 12 años no había muerto nadie en un circuito de F1. El GP de San Marino se corrió, y ahí se acabó la vida de Ayrton Senna, campeón de campeones, el caballero de la F1, el ídolo de todos. Lloraron, patalearon, se histerizaron, ¿cómo-ha-podido-pasar-esto?

Posiblemente, por lo mismo que el día anterior, por lo que se demostró que era una falta alarmante de seguridad en los circuitos. O quizá no, que lo de Ratzenberger fue una locura fruto del hambre del que busca lo que siempre soñó en el reino del peligro, a velocidades en las que pensar debe ser una heroicidad.

En el coche destrozado de Ayrton Senna, junto a su cadáver, encontraron, arrugada, una bandera de Austria. Pretendía sacarla al acabar el Gran Premio. Max Mosley optó por ir al funeral de Ratzenberger en vez de al del brasileño. "Se habían olvidado de él. Todos iban al funeral de Senna y nadie al suyo. Era importante que alguien estuviera allí". Hoy quedan como dos gestos efímeros, que dirían los cursis.

Pasaron 15 años de aquello y, como toda fecha múltiplo de cinco, la prensa desempolvó homenajes y bondades del piloto fallecido. De Senna, claro. De Ratzenberger, ni rastro. Como, posiblemente, ocurrirá dentro de cinco años con Farrah Fawcett.

domingo, 5 de julio de 2009

La leyenda (falsa) de Ricky y el chasco de Claver


Por David Burress
Es lo que tienen las estrellas. No sólo son buenas, sino que también les crecen leyendas a su alrededor... aunque sean falsas.

Ricky Rubio se dio a conocer al mundo en la primera minicopa donde realizaba cuadruples dobles en 32 minutos y se paseaba a su antojo.Para los que le seguimos desde hace mucho, en baloncesto mini ya iba un paso por delante. Su consagración fue el campeonato de España de Avilés en el que, siendo infantil de primer año y jugando contra los de segundo, metió 38 puntos en la final al entonces Adecco Estudiantes con 14 de 15 en tiros libres aunque finalmente no pudo llevar a su equipo a la victoria.

Y ése es uno de los bulos creados por Marca, El Mundo, As y todos los periódicos y portales de internet sobre los famosos "cuatro años sin perder con La Penya" de Ricky Rubio. Pues no, esa final del año 2003 la perdió. Fue su generación la que no perdió un partido en 4 años pero él sí. Y a esa derrota le siguieron otras, más tarde: con la selección catalana perdió hasta 2 finales de campeonato de España ante la Selección de Madrid. Si alguien tiene dudas, incluimos el vídeo.

Lo cual no resta un ápice a su sacrificio, humildad y capacidad de liderazgo, a pesar de jugar siempre contra jugadores uno y dos años mayor que él (en club y en selección). Desde infantil ya iba convocado con la selección española de un año más, algo que casi nadie ha conseguido en categorías inferiores: ni Sergio Rodríguez,ni Pau Gasol, ni Felipe Reyes ni uno de los mejores jugadores en categorías inferiores: Juan Carlos Navarro.

Aíto, cuando era cadete de primer año, comentó en el campeonato de España que era diferente e iba para estrella. Tanto es así que tenía 14años, recordemos que es de diciembre, y se lo llevó a hacerla pretemporada con el primer equipo.

Anticipo en Slam

Por lo que respecta al draft, lo que sabíamos algunos desde mayo por su círculo cercano es que Ricky no va a ir (o no quería ir) a la NBA. Para la prensa, todo ha cambiado tras el draft, cuando realmente la decisión del crack verdinegro no se ha modificado desde entonces.

Los deseos de Ricky Rubio eran salir elegido en segunda o tercera elección, o en su defecto conseguir jugar en la Gran Manzana. Tras ser elegido el 5º del draft, lo único claro es que todos los equipos que elegían después del 1 de Blake Griffin (jugador de otro planeta) han cometido un error.

Luego está el chasco de Victor Claver, que no quería aparecer entre el 25 ó el 30, para madurar en Europa y, cuando sea una estrella, negociar su contrato libremente, que es lo que hacen los jugadores de segunda ronda. Sin embargo ni lo uno ni lo otro: Ricky número 5 y Claver número 22, toda una sorpresa. Ya lo decían las palabras de este último: "No era lo planeado, pero si un equipo cambia tres elecciones para poder escogerte es que realmentetiene interés".

Posdata: La elección del draft de Victor Claver por los Blazers tuvo un anticipo en la entrevista que mantuvo el manager general de la franquicia Kevin Pritchard (ex jugador del Cáceres 1992-1993) con un afamado periodista de la revista Slam. Tras recordarle los históricos fallos de Portland en la elección de draft: Sam Bowie con el número 2 en lugar de Michael Jordan en el draft del 84, Mychal Thompson número 1 en vez de Larry Bird en el 78 y La Rue Martin en lugar de Julius Earving (nº 12) o Bob McAdoo (nº 2), el redactor le aleccionó con la máxima que siempre defendió Jerry West: en el draft no se elige según la posición que necesites, sino un jugador de cara al futuro. Y le sopló quién era este año el jugador de mayor talento y el gran 'robo' del draft: Víctor Claver. Pritchard le hizo caso.

jueves, 25 de junio de 2009

La distancia entre Drazen y Ricky

El gran Drazen, Mozart del baloncesto.
Por John Wyatt
El halago exagerado puede hacer tanto o más daño que la crítica feroz. En Ricky Rubio, que esta noche se juega su futuro en el Draft de la NBA, se aprecian rasgos que ya lo emparentan con los grandes de nuestro baloncesto: la visión de juego de un veterano, intensidad defensiva, contraataque feroz, velocidad, desparpajo y, sobre todo, fantasía a la hora de repartir pases. Su talento es incuestionable, pero las comparaciones con otras estrellas europeas le quedan, de momento, muy muy grandes.

La revista croata Superkosarka, uno de los magazines de basket más prestigiosos de Europa, presenta a Ricky Rubio posando con mirada desafiante y, como no, un balón de baloncesto en la mano. En el texto que acompaña la entrevista, el redactor apunta dos nombres: Drazen Petrovic y Pete Maravich.

A Maravich los de mi generación no le hemos visto nunca jugar, así que de él no opino. Pero la comparación con Drazen Petrovic es, cuanto menos, desafortunada. Y más viniendo de una revista croata.

Trabajo, trabajo, trabajo

El genio de Šibenik destacó en todas las categorías en las que jugó, se impuso a casi todas las situaciones adversas, incluido un primer año difícil en la NBA, y trabajó con tesón en aquellos aspectos en los que en principio flojeaba. ¿Mal tirador en su adolescenccia? ¿Mal defensor en el Real Madrid? Sus últimos años en los Nets ya lo presentan como un jugador completo, musculoso, realizado, una versión 2.0 de aquel chaval delgaducho con el pelo ensortijado que hacía cortes de manga al público del Raimundo Saporta.

Drazen, ya desde su etapa en el Šibenik y en la Cibona, sorprendía a todos por sus maneras de líder en la cancha. Daba igual que tuviera 17 años. Se encaraba con los rivales, retaba al público y pedía los balones más calientes en los finales de partido más apretados.

En su primera etapa no era buen tirador de tres, pero lo compensaba con un tiro en suspensión y una entrada a canasta dignos del mejor Jerry West. De aquellos años datan los 112 puntos, récord hoy insuperable, que le endosó él sólo al Smelt Olimpija esloveno en 1985.

Su éxito no era fruto de la casualidad. Después de disputar los partidos de casa, pedía permiso para quedarse en el pabellón durante un par de horas tirando mientras algún fan, elegido por él de entre el público, iba pasándole balones. Sólo de esa manera, con los años, fue convirtiéndose en el mejor tirador de tres puntos que Europa había visto desde la irrupción de Nikos Gallis.

Cuando fichó por el Real Madrid ya lo había ganado todo en Europa, era un auténtico asesino desde la línea de tres y promediaba 40 puntos en Yugoslavia. Después de un año mágico en España, sólo ensombrecido en Liga por el Barca de Solozabal, Epi, Norris y un árbitro de cuyo nombre no quiero acordarme (dejó al Real Madrid con sólo cuatro jugadores a falta de cinco minutos en el Palau), legó para el recuerdo una increible final de la Recopa en la que se enfrentó a su alter ego, Óscar Schmidt Becerra, el legendario cañonero brasileño (ver vídeo).



Él solito (64 puntos) resistió los triples de Óscar (48 puntos), Gentile, Expósito y Dell’Agnello. El Real Madrid ganó el partido, la NBA se fijó en él y el Mozart de Šibenik decidió, como sus amigos Divac, Radja y Kukoc, cruzar el charco.

Su primer año en los Blazers fue el periodo más frustrante de su carrera. El técnico Rick Adelman, actual técnico de los Kings y posible 'herr director' de la nueva etapa de Ricky, le destrozó.

Le pidió que defendiera, que se sacrificara, que hiciera faltas, que reboteara... Y lo hizo. Se metió en el gimnasio cuatro horas al día, se adaptó a la nueva distancia de tres puntos, aprendió a defender echando el bofe y no se quejó por ello. Terminó aquella temporada con 12,5 puntos de media y emigró a los Nets, el mejor destino posible. Allí el jugador vivió su mejor momento, hizo partidos legendarios, batió el récord de triples y se ganó todo el derecho a ir al All Star. Superaba, partido sí y partido también los 30 puntos.

Su última participación que recordamos antes de su fatídico accidente fue la de la final contra el Dream Team en Barcelona, con 10 minutos para el recuerdo, con el tipo metiendo triples, encarándose con Jordan, abroncando en un tiempo muerto al flojeras de Komacek, que lo imitaba descaradamente, y resistiendo él sólo las embestidas del mejor equipo de la historia.

¿Y en una revista croata lo comparan con Ricky Rubio? ¡Si Ricky no sabe tirar de tres!