martes, 14 de junio de 2011

Golpe franco al balonmano español

Por Sopenilla
A estas alturas, afirmar que la crisis económica está golpeando al deporte resulta poco menos que una obviedad. Ni siquiera el fútbol, amparado en su fortaleza mediática, resiste incólume el embate de este tsunami. La 2ªB se resquebraja por sus cuatro costados y la sombra de quiebra técnica se cierne sobre varios equipos de primera y segunda. Pese a la sangría financiera, muchos aficionados aún se aferran a la longevidad de su club como si fuese un mantra que lo hiciera inmortal. En otros ámbitos, caso del balonmano, nadie medianamente sensato sigue creyendo que son eternos. Las glorias pasadas de Irún y Santander, en otro tiempo franquicias de postín, reposan hoy sobre las hemerotecas.

El ejemplo de Elgorriaga y Teka –con sus respectivos benefactores a cuestas– puso al descubierto su endeblez institucional. Enfocada a la consecución de títulos, la inyección económica de la que ambos gozaron no tardó en desaparecer en cuanto el éxito deportivo dejó de sonreírles. Cerrado el grifo, el primero quedó enfangado en la división de plata y el segundo pasó a mejor vida. Contra toda lógica, el desengaño de asistir a su decadencia no derivó en autocrítica por parte del resto de clubes. Tras una temporada en la que la falta de liquidez ha sido una tónica dominante en la liga ASOBAL, quizá sea un buen momento para que el balonmano español haga, por fin, examen de conciencia.

Más allá de Barça y Ciudad Real, la supervivencia del resto de equipos se ha convertido en una carrera por eliminación: casi la mitad no paga o tiene problemas para hacerlo. En un deporte en el que los ingresos son limitados, el gasto pende como una espada de Damocles. La inversión no asegura el éxito, pero sí figurar en la elite. Fuera de este escenario, contar con una estructura profesional es una quimera. Como, en último término, siempre queda la opción de vender tu plaza, muchos clubes prefieren vivir por encima de sus posibilidades. Así que, a diferencia del fútbol, el endeudamiento aquí no es sólo una huida hacia adelante, sino más bien la salida fácil a un círculo vicioso.

Analizado en frío, la verdad es que la competición tampoco facilita mucho las cosas a los directivos. Con 16 representantes en liza, y sin play-offs que ofrezcan segundas oportunidades, el título prácticamente se dilucida en un único enfrentamiento a ida y vuelta. Los puestos europeos no seducen sobremanera por el quebranto económico que suponen en forma de viajes. Y la televisión, lejos de suponer un alivio, tiende a poner la puntilla. Como eslabón más débil en la oferta del ente público, los horarios de los partidos suelen ser objeto de contraprogramaciones.

Una quiebra en cadena

Con este panorama, no resulta extraño que unos cuantos clubes estén en vías de ser rescatados. El primero en izar la bandera blanca fue el Alcobendas que, a mitad de temporada, decidió aplicar un plan de choque a la medida de Angela Merkel. Apurado por las deudas, el conjunto madrileño dio la carta de libertad a toda su plantilla y subió a sus juveniles al primer equipo. Queda claro que, para advertir que una liga está devaluada, no es necesario que Mou haga cábalas sobre el once del Sporting. Los 5 puntos sumados por los ex-pupilos de Rafa Guijosa a lo largo de toda la campaña hablan por sí solos.

El grueso de los desempleados –incluido el propio Guijosa– se pasó en bloque al BM Toledo, pero sus condiciones laborales no mejoraron en exceso. A las primeras de cambio, su nuevo club les propuso una rebaja del 10% de su salario. Los jugadores se negaron, inducidos quizá por el impago previo de varias mensualidades. En la directiva, los hay que aún confían en que el ayuntamiento tirará de subvención para cubrir las partidas atrasadas. Especulaciones al margen, lo que parece incontestable es que el equipo estuvo toda la segunda vuelta sin puntuar haciéndose acreedor al descenso.

Mientras que Rubiales, el líder sindical de la liga de fútbol, amenaza de manera recurrente con la convocatoria de huelga; el mítico David Barrufet, su homólogo en la AJBM, ya ha se estrenado a la hora de repeler este tipo de lanzamientos. El Antequera no forzó ningún parón liguero, pero sus jugadores –entre ellos Rafa Baena, hasta entonces ‘pichichi’ del campeonato– se negaron a pisar el parqué ante la visita del San Antonio. Para evitar males mayores, el club no tuvo más remedio que recurrir al filial. Con todo, ni la permanencia peligró en ningún momento, ni tampoco la carrera profesional de los huelguistas, muchos de los cuales se habían asegurado un nuevo destino para la próxima temporada con anterioridad a su plante.

‘Históricos’ como Arrate y Granollers, por su parte, también se vieron afectados por esta situación. Pese a que la deuda, en ambos casos, supera ampliamente el millón de euros, las medidas de protesta protagonizadas por sus respectivas plantillas quedaron reducidas a meros actos simbólicos. En comparación con la pérdida deliberada de puntos, el hecho de dejarse barba apenas inquietó a dirigentes y aficionados. A juzgar por la posición en la tabla del cuadro vallesano, está visto que rendir a buen nivel tampoco sensibiliza. Haya o no pretextos, la cuestión es acumular impagos.

La venda en los ojos

En esta tesitura, todas las partes implicadas no han dudado en hacer un llamamiento unánime a la austeridad. Un mensaje apropiado de no ser porque la venda, en vez de aplicarla a la herida, ha servido más bien para taparse los ojos. Vista desde fuera, la Comisión de Seguimiento a tres bandas que formalizaron liga, federación y sindicato, ha parecido más un descargo de responsabilidades que un diagnóstico real del problema.

En palabras del gerente de la AJBM, el también ex-portero Claudio Gómez, la mayor parte de los impagos no se deben a incumplimientos de contratos. Al menos, de los oficiales. Lo cual hace presuponer que, en la práctica, clubes y jugadores rubrican segundos acuerdos, no reconocidos públicamente, en base a los derechos de imagen de éstos últimos. Una manera sutil de sortear el control de la Comisión, que sólo tiene potestad para evaluar los presupuestos de los clubes en función de las copias de los contratos remitidas ante la liga. Con tal de no ajustarse el cinto, da la impresión de que existe un acuerdo tácito para hacer la vista gorda y realizar conjuntamente un brindis al sol.

Mientras tanto, los hay que prefieren explorar otras vías, como el BM Valladolid. Escarmentado en cabeza propia, su presidente no tuvo más remedio que ceder parte de su plantilla, a una semana del cierre liguero, para disfrute de un club libanés. Hablamos de 80.000 euros a cambio de ocho jugadores. Una suerte de prostitución deportiva enfocada a que el Al Saad disputara, con un mínimo de dignidad, la Super Globe, el equivalente al ‘mundialito de clubes’ de la FIFA. Con una plaza de Champions aún en juego –el equipo terminó quinto en liga tras su derrota contra Ademar apenas dos día después de regresar de Doha–, la llamada de nuevos inversores no podía esperar. ¿Será que los petrodólares también han llegado a nuestro balonmano?

jueves, 9 de junio de 2011

Rosell y las secciones modélicas

Por Sopenilla
Resonaban los ecos de la portada de Newsweek al mejor equipo de la historia cuando el anuncio del recorte presupuestario ha puesto en solfa los valores de la institución culé. Por si fuera poco, alguien se encargó de avivar el debate recordando las promesas electorales de Rosell. Esas que auspiciaban un fortalecimiento de todas las secciones en caso de llegar al cargo. Más allá del enfado por verse incumplidas, está el bochorno de acabar en la misma encrucijada que su eterno rival. Una cosa es que Mourinho eche por tierra el señorío madridista, y otra bien distinta que la crisis te obligue a ser menos que un club.

Sin duda, la cuestión se presta a la demagogia barata. Por un lado, la defensa de un modelo. Por otro, el pragmatismo que demuestra el seny catalán cuando oye hablar de pelas. En medio de esta disyuntiva, que se asemeja a la idea de subvencionar un sector no rentable a costa de no incrementar la plantilla de esa empresa llamada INEM, se sitúa el fútbol-sala. A principios de año, fue la Copa de la Liga. Hace escasamente un mes, la primera edición de la Copa del Rey. A partir de este fin de semana, el asalto a la liga. Un triplete histórico que pondría al Barça Alusport a la misma altura que las secciones de basket y balonmano. Un argumento contundente que no hace sino alimentar la controversia de reducir o no la inversión para todo lo que no sea fútbol.

Visto en perspectiva, lo cierto es que, fuera del hermano pequeño del deporte rey, tampoco habría muchas más disciplinas de equipo en España por las que apostar. Con permiso de Galicia, que este año ha recuperado el cetro europeo sobre patines, tanto el hockey como el waterpolo están en manos de clubes históricos catalanes ajenos a la influencia blaugrana. Ahora que, gracias al voley, sabemos que Teruel sí existe, quizá alguno piense que aquí habría margen para acumular más títulos. El único problema es que, en comparación con el fútbol-sala, al balonvolea patrio no se le recuerda ninguna hazaña memorable.

El corredor del Henares, mejor que el Barça

Por el contrario, hasta que #iniestademivida nos rescató de nuestra secular maldición mundialista, la responsabilidad de dar la cara con un balón atado al pie siempre recayó en el fútbol-sala. En la práctica, resultaba del todo punto lógico. Un país que seguía el fútbol por la tele y lo jugaba en dimensiones reducidas. En cuanto locos como José María García lo profesionalizaron a finales de los ochenta, el número de fichas federativas comenzó a dispararse. Una dinámica que sólo los campos de F-7 –la única medida eficiente que se le recuerda al organismo que preside Villar– ha podido romper en los últimos tiempos.

Una vez que la televisión desembarcó, con un Nacho Aranda oficiando de Lobato en los comienzos de A3, el Barça no pudo desentenderse de la moda. Participó en la primera liga y logró mantenerse en la brecha frente a insignes franquicias del corredor del Henares como Redislogar Cotransa o Pennzoil Marsanz. Pero entre éstas, pequeños reductos como Talavera de la Reina (Caja Toledo) o Murcia (Pozo) y, sobre todo, el imperio verde de Interviú, se encargaron de que los culés no rascaran nada. Pese a que hombres como Vicentín, Javi Lorente o Jesús Clavería hablaban del buen nivel de los jugadores nacionales, brasileños como Paulo Roberto y Chico Lins o el paraguayo Carosini, marcaban demasiadas diferencias.

La directiva azulgrana no vio la necesidad de competir con esos fichajes hasta que en 1998 se produjo el descenso del equipo a División de Plata. En este sentido, sólo la llegada de Joan Laporta supuso un punto de inflexión en la lucha por otro objetivo que no fuera el ascenso y la permanencia. Con él aterrizó Javi Rodríguez, piedra angular del proyecto que hoy día es el Barça Alusport. Al capitán se sumaron otros jugadores consagrados como Torras; lo mejor del panorama brasileño, como Wilde y Fernandao (éste último nacionalizado); y las promesas emergentes del mercado nacional. Algunas, como Cristian, ya se han consolidado en el primer equipo. Otras esperan su momento en el filial, que milita en División de Plata.

Con Inter y Pozo en pleno proceso de reciclaje, la hegemonía barcelonista tiene visos de prolongarse. Todo sea que Rossell no retire los fondos. Por si acaso, en vez de que Marca patrocine una liga que no le interesa retransmitir más que cuando no hay fútbol para rellenar la parrilla, sería preferible que Florentino obviase perseguir la décima y cambiase el basket por este deporte. Sería una buena excusa para que Guti dejase de hacer el gilipollas en Turquía.

viernes, 6 de mayo de 2011

El Maccabi y el Mossad, contra el Madrid y Bin Laden

Por Johan Einstein (Tel-Aviv)
El Maccabi Tel-Aviv se enfrenta hoy al Real Madrid en la Final Tour de Barcelona. Cualquiera que haya asistido a uno solo de las decenas de duelos entre estos equipos en las últimas décadas, en aquellos mágicos torneos de Navidad hoy defenestrados por el Madrid, en Copa de Europa, Euroliga o donde sea, recordará esas presencias trajeadas en torno al banquillo macabeo. Ojos atentos. ¿Al partido? Más bien a todo menos al partido. Las exiguas camisetas de tirantes del equipo rival son las únicas que no pueden esconder un arma.

Son agentes del Mossad. Más de diez en cada desplazamiento del Maccabi. No todos se apostan alrededor del banquillo. También los hay en otras zonas del pabellón. Los responsables israelíes de seguridad pactan con los anfitriones exigentes cacheos a la entrada del pabellón. Ellos los supervisan. Hoy también revolotearán, gesto ceñudo, traje impecable, cerca de Sergi Llul o Felipe Reyes.

En el diario más leido en Israel, Yediot Ajaronot, se hacen eco de las fuertes medidas de seguridad que han tomado las autoridades de Barcelona de cara a la Final Four. Básicamente por la llegada del Maccabi y la presencia de miles de seguidores israelíes. "Los chequeos en el Pabellón se esperan más exigentes que nunca, así como la seguridad en torno a la delegación del Maccabi y en las zonas donde se reúnan los aficionados de Israel", afirma el rotativo.

El Maccabi es el equipo de baloncesto más protegido del mundo. Cada viaje al extranjero es un dolor de cabeza para los organismos de seguridad de los anfitriones. La alerta sobre posibles atentados es la norma. Esta semana, no es una alerta sino un alertazo. La resaca tras la muerte de Bin Laden asusta. Y hay pocos embajadores de Israel tan conocidos y medáticos como el Maccabi Tel Aviv. Solo las curvas y sonrisa de Bar Refaeli compiten con los gigantes del balón.

Más de 5.000 israelíes acudirán a Barcelona para apoyar al Maccabi Tel Aviv en su clásico de cada temporada: la final Four. La búsqueda de una entrada es el nuevo deporte y según cuentan los aficionados israelíes en la capital catalana, el objetivo es el seguidor del Barça que compró entradas hace tiempo dando por seguro que el campeón de Europa defendería el titulo en su casa. Ahora quieren deshacerse de la entrada, no vaya a ser que el imprevisible Real dé la sorpresa y la vuelta triunfal en el Sant Jordi.

La victoria del equipo de Tel-Aviv pasa por defender bien a Llul, Suárez, Rodríguez y Tomic. La victoria de los diez del Mossad, por defender bien a los 5.000 hinchas del Maccabi y a los 12 que juegan. Ellos serán los únicos israelíes que esta noche no vestirán de amarillo.

miércoles, 20 de abril de 2011

El chocolate se fundió en la NBA

Por David Burress
¿Se imaginan un tipo blanco de 1,85, entre dos negracos de 2 metros x 2 metros como Lebron? Pensarán: ése es el malo. Pues no. Esto no es “Los blancos no la saben meter”. Con Jason Williams cambió la película de los jugadores de raza blanca en la NBA. Muestra de ello es el apodo que recibió Sergio Rodríguez al llegar a la NBA: "Spanish White Chocolate”, seguramente el jugador más parecido a Williams de la liga norteamericana. Fue tan grande el impacto del base de Charleston que se convirtió en uno de los 5 jugadores que más camisetas vendía de toda la NBA.

Ayer se retiró Chocolate blanco Williams. Un día triste para los que amamos la imaginación en una cancha. Un Guti del baloncesto elevado a la máxima potencia en el que cada pase tenía que ser el pase del siglo y la defensa, un arte menor para los que se ganan el pan con el sudor de su frente. Williams no sudaba mucho. Nosotros sí cuando nos levantábamos del sofá a las 5 de la mañana.

“Chocolate blanco” probablemente sea el mejor apodo de la NBA. ¿Un blanco ennegrecido? No ¿Un jugador de padre blanco y madre negra o viceversa? No. Un blanco jugando en la NBA como si de un “playground” se tratase, protagonizando todos los TOP semanales e inventando maravillas como el pase con el codo que realizó en el partido de Rookies a Raef Lafrentz en el All Star Game del 2000. Genio y figura hasta la sepultura, declaró en rueda de prensa que hizo ese pase para que no le pidieran más en la vida que lo repitiese.

Magia y marihuana

Tradicionalmente, los jugadores blancos son reconocidos por no llevar tatuajes. Ahí Jason Williams también trasuda black soul… En uno, en sus nudillos, pone "White boy". Y no se quedaba en los dibujos corporales. “White Chocolate” se saltó las normas desde el Instituto por su afición a la marihuana. Casualmente en el equipo de Futbol Americano de su high-school fue compañero de Randy Moss, receptor estrella en la NFL y actualmente en los Titans. Ambos han seguido trayectorias similares: admirados por su talento, conocidos por sus fechorías.

En la Universidad de Florida, promediaba 17,1 puntos y 6,7 asistencias cuando fue apartado del equipo toda la temporada por consumo de drogas unos meses antes de finalizar la “regular season”. O sea, que venía de tres suspensiones previas. Aún así se presentó al draft y fue elegido en 7º lugar por los Sacramento Kings antes que Nowitzki (9º) o Paul Pierce (10º). Aquí llevó al culmen el famoso “passing game” de Rick Adelman, por cierto despedido esta semana de Houston y ¿futuro entrenador de los Lakers?

El 20 de Julio Williams fue suspendido los 5 primeros partidos por no cumplir con el programa anti-drogas de la liga al que estaba obligado. Desde los Kings fue traspasado a los Grizzlies donde jugó con Pau Gasol hasta que fue enviado en el verano de 2005 a Miami, equipo con el que consiguió su único anillo de campeón en 2006 junto a Wade y Shaq.

El 7 de Agosto firma por los Clippers y el 26 de Septiembre, sin debutar anuncia su retirada para, el 20 de Febrero de 2009, enviar una carta a la NBA pidiendo regresar. Orlando le ficha en el verano de 2009, le renuevan y es despedido esta temporada en enero. Y ficha por los Grizzlies… que lo cortan para estos playoffs. Y colorín colorado…

Eso sí, nos deja esta temporada una sanción por agarrar del brazo a un árbitro y una expulsión por doble técnica jugando con los Magic, que ganaban de 30 a falta de 3 minutos. Ahí terminó de fundirse el chocolate blanco.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El baloncesto según 'The Wire'

Por Nunn

“Cuando camines por el jardín / vigila tu espalda”


Cuesta pensar en una serie más descarnadamente apegada a la realidad que ‘The Wire’. La capacidad de mostrar el submundo del narcotráfico desde todos los prismas posibles, desde las manos más ensuciadas a los cuellos de camisa más blancos alrededor de un mismo negocio, la convierten en una obra maestra que combina una ficción brillante con una estética a veces tan documental que acongoja al más pintado. Una de esas producciones que marcan una frontera en la historia de la tele.

Los seguidores de la serie no habrán dejado escapar la huella del baloncesto en sus capítulos. Recuerden aquel camello al que descubrieron que estaba robando por la camiseta de Wes Unseld de los Baltimore Bullets que no se podía permitir sin mangar. O la primera vez que vimos a Proposition Joe, en ese All Star entre el Este y el Oeste en el que él y Avon Barksdale reclutaban a los mejores chavales del barrio. O cómo la madre de Namond agasaja a su hijo gastándose la pasta que recibe del encarcelado Wee Bay con la camiseta de Artis Gilmore de los Chicago Bulls. Tampoco es casualidad que lo único que los niños de la clase de Bunny Colvin conocen de Philadelphia es Allen Iverson, que Mike trata de que Bug escape de la realidad ojeando una revista 'Slam' y hablándole de Elton Brand o que a Clay Davis le agarren por el dinero que desviaba de una ONG de baloncesto

Ese microuniverso en el que el futuro es mirar por encima del hombro para esquivar la siguiente bala tiene como bandera el baloncesto. América tiene cuatro grandes deportes ‘nacionales’, pero el asfalto es reino del basket. Y para Baltimore, epicentro de esa realidad televisada por ‘The Wire’, es una religión con muchos profetas.

“Él tiene el fuego y la furia / a su mando / Pero no debes preocuparte / si agarras a Jesús de la mano”

La salvación para un puñado de chavales que huyeron de una vida esclava, en cualquiera de los dos lados del juego ¬como un Bubbles o un Dee Barksdale¬, llegó por el baloncesto. Tanto que Baltimore se ha convertido en un prodigio en la historia del juego.

Hasta 27 jugadores nacidos en la ciudad (50 si tenemos en cuenta todo el Estado de Maryland), una urbe de menos de tres millones de habitantes abandonada completamente por el baloncesto profesional (ni una sola franquicia de ninguna liga se establece en B-More desde 1973), llegaron a jugar en la NBA. Una cifra alucinante para una ciudad mediana con las infraestructuras bajo mínimos y cuyo mayor valor baloncestístico es la Baltimore Catholic League, una potente competición de high schools. Nombres legendarios como Sam Cassell o Tyrone Bogues crecieron (poco, en el caso de Bogues) en el asfalto baltimoriano. Rudy Gay es hoy el máximo exponente NBA de un nativo ‘pata negra’, club selecto en el que militan Joey Dorsey y DaJuan Summers.

Algunos nombres, incluso, llegaron a la ACB. En Vitoria, Zaragoza o Fuenlabrada se acordarán de Ken ‘Animal’ Bannister, en Málaga añoran a Juan Dixon, por Barcelona pasó Gary Neal, en Sevilla y Valladolid tuvieron a Devin Gray y en Granada disfrutaron de los kilos de calidad de Corsley Edwards.

Pero, por encima de todos ellos, uno que nació en Nueva York pero creció desde los ocho en ‘La Farmacia’, el barrio en el que se basan las desventuras de camellos de poca monta a la sombra de Las Torres de ‘The Wire’: Carmelo Anthony. Melo pudo ser un niño como Mike, un adolescente como Bodie o un adulto como Avon Barksdale. Creció en el cogollo de esa sociedad enferma impermeable a la empatía, adicta a la violencia y carente de escrúpulos que se representa en la mítica serie. “Hemos visto todo lo que imagines, desde drogas a asesinatos, en las partes más duras de la ciudad”, declaró Kenny Minor, un amigo de la infancia, al ‘Rocky Mountain News’, el tristemente desaparecido periódico de Denver.

Melo vive de septiembre a mayo en un mundo absolutamente opuesto al que creció. Sin embargo, el sello B-More, y el del gueto en general, parece tatuado tan a fuego en los jugadores de la NBA que muchos aparentan no saber vivir fuera de sus códigos ni despegarse de sus miserias. Son ricos y famosos, pero hijos y consecuencia de donde nacieron. Anthony es como esos traficantes de ‘The Wire’ a los que, cuando alguien les aconseja que se marchen, dicen que no conocen otra cosa, que no sabrían vivir fuera de allí, y acaban por ser asesinados. Sólo que lo disimula de septiembre a mayo.

“Si caminas con Jesús / salvará tu alma / Pero debes mantener al diablo / enterrado en un hoyo profundo”

Imaginen ahora que Marlo Stanfield se pasara al 2.0 o que Stringer Bell se aliara con Spike Lee para promocionar su negocio. Como la ficción es una filfa al lado de la realidad, en 2004 los narcos de Baltimore editaron un DVD bajo el nombre de ‘Stop Snitchin’ (los fans de ‘The Wire’ en V.O. hemos aprendido que la palabra ‘snitch’ significa ‘chivarse’), en el que los más malos del lugar amenazaban a cámara a sus conciudadanos para que dejaran de chivarse a la policía. Editaron incluso camisetas con el lema y dianas con agujeros de bala que vestían en sus esquinas, y en una actividad algo menos creativa pero más contundente acribillaron a una mujer y sus cinco hijos por ser sospechosa de delación.

Bien, en ese DVD aparece Carmelo Anthony. Vestido con el ‘uniforme gangsta’ en color rojo, ante una fachada derruida de ‘La Farmacia’, se ríe a carcajadas mientras un traficante amigo de la infancia insta a sus vecinos a no chivarse: “¿Qué os molesta esa gente? ¿No sabéis que tienen hijos que alimentar?”, dice, ante la risa incontenible del jugador. Melo dijo que era una grabación privada que se utilizó sin su consentimiento, lo que no parecía una justificación demasiado edificante.



Además, una especie de maldición ‘wireana’ persigue a los miembros de la National Baltimore Association: Bannister fue alcohólico como Bunk o Jimmy McNulty, a Juan Dixon le retiró una sustancia por la que dio positivo que seguro que no compró en una esquina, Reggie Lewis también murió joven, aunque en su caso por muerte natural y no por cruzarse en el camino de Omar, y David Wingate fue acusado de dos violaciones al comienzo de su carrera, aunque salió limpio.

Todos ellos tuvieron la suerte de agarrar de la mano al Jesús del baloncesto. Se ganaron la vida y siguen vivos. Mientras, el drama de Baltimore sigue impulsando a sus chicos al asfalto, abandonados por sus familias y su país. Las más veces para seguir el negocio que florece a su alrededor, e insensibilizar su alma a la violencia y la injusticia bajo la letanía de que “the game is the game”, un mantra insalvable, como una plaga bíblica inevitable para la aplastante mayoría. Pero en otras ocasiones, unos pocos encuentran en el asfalto unos aros por los que encauzar su vida. Aunque muchos no consigan mantener, del todo, al Diablo enterrado.

domingo, 30 de mayo de 2010

Liu Xiang: de diamante a polvo de estrella



Por Sebastián Dulbeca (Desde Shangai)

Diez obstáculos y 13.40 segundos después, Liu Xiang, prematuro juguete roto, desdichado yin del atletismo contemporáneo, no tenía oxígeno ni palabras para explicarse ante 1.300 millones (cifra oficial) de chinos. Ahí, en la línea de meta, mientras boqueaba junto a una mancha negra que no era Dayron Robles (¿quién habló de hermandad chino-cubana?), comenzó de verdad la participación del antiguo campeón en la Diamond League Shanghai.

Para sorpresa generalizada, su triste tercer puesto dio para forzar una vuelta al estadio publicitaria, lastimosa y tan cruel que pareció premeditada. El Michael Jordan asiático (Nike 'insistit') tuvo que pasar frente al rótulo que en cada curva del estadio rememora el éxito de Beijing 2008 con afán patriotero. Unos aros olímpicos que para Xiang, hasta ese momento capaz de volar (traducción literal de su apellido), han acabado por convertirse en grilletes.

En una sociedad necesitada de héroes, la imagen del oro de Atenas 2004 abatido en el tartán del Nido de Pájaro sigue funcionando como shock colectivo, como imprevisto frenazo a sus aspiraciones de superpotencia. Decir que el vallista compareció en casa lesionado en el tendón de Aquiles por imperativo del guión no es precisamente inventar la pólvora. Tampoco hacer notar que ha pasado el tiempo de la compasión y el lamento y a Xiang no se le desea la recuperación; se le exige la resurrección. Sobre todo ahora que el otro coloso del deporte local, Yao Ming, anda igual de renqueante.

“Sostener a un país tan grande sobre tus hombros debe ser muy duro”, terció Bolt con alivio antillano en su regreso a China tras la exhibición de los Juegos. La otra perla de Shanghai, diamante reducido a polvo de estrella, fue hábil para entenderlo sin hablar una palabra de inglés. Sabedor de que aquellos instantes eternos de dolor del agosto pequinés podrían abocarle a la jubilación inminente, lleva ya tiempo mostrándose cansino en el hablar, lento en el proceder y resignado en el entrenar (“Otra lesión y me retiro”, ha confesado sin rodeos).

El pasado domingo, Liu Xiang marcó una décima más que Shi Dongpeng y casi dos y seis menos que Xie Wenjun y Jing Yin. Quizá al próximo Gran Salto Adelante ya asista como el espectador que seguro quiso ser hace dos años.

martes, 18 de mayo de 2010

¿La madre de Lebron jode a los Cavaliers?

Por David Burress
Algunos objetarán enseguida que la historia es falsa. Lo es. El rumor empezó a correr en páginas yankees como ésta. Y luego otras, como ésta, o la famosa TMZ, dejaron claro que era un rumor estúpido. Pero no es eso lo importante.

Lo importante es que si yo juego en un equipo y leo que el base de mi equipo se ha tirado a mi madre, en la ciudad se rumorea que se la ha tirado, los periodistas bisbisean que se la ha tirado, los fans creen que se la ha tirado y los hinchas rivales te recuerdan a gritos que se la ha tirado… algo influye en mi rendimiento y en las ganas de partirle la boca a mi compañero. Y eso, sólo en el caso de que no se la haya tirado. Si encima es verdad…

El hijo cornudo de la pseudonoticia es Lebron James. El base mamoncete, un pirado feo con ganas llamado Delonte West. La mamá supuestamente ligerita de cascos, Gloria James. Y el equipo, los decepcionantes Cavaliers, que acaban de tener un nuevo titulus interruptus en los playoffs frente a Boston. Daimiel & co. lo comentaron en la retransmisión y hemos intentado llegar un poco más allá para entender por qué King James no tiene todavía ningún anillo de la NBA. En Cleveland no hablan catalán. Si no, ya habrían patentado lo de Aquest any, tampoc.

Si además tu madre se tira (o se rumorea que se tira, poco importa la minucia) a un tipo serio como Ilgauskas o con cara de abogado de La Ley de Los Ángeles, como Sebastián Telfair, pues pase. Pero Delonte… un tipo con trastorno bipolar, depresión crónica, orejas de soplillo, cara de yonki y con antecedentes, pues la cosa cuesta más digerirla.

El 17 de septiembre de 2009, la Policía le paró, cuando conocía una moto de tres ruedas, por una infracción de tráfico. En un estuche de guitarra (indudable estilo), portaba una Beretta de 9 mm., un 357 Magnum y una Remington 870, sin Stratocaster ni nada. No tenía permiso de armas y podrían caerle 3 años, por mucho que se haya convertido en el jugador de basket preferido por los fans de Charlton Heston. La vista se celebra el 21 de julio.
Sin padre

Muchos en Cleveland están seguros de que Lebron James ha disminuido su rendimiento por el affaire Delonte West. “The chosen one” creció sin padre, Gloria lo tuvo a los 16 años. Lo que no le pudo dar su progenitor, ahí estaba su entrenador del Instituto San Vincent Sant Mary para dárselo. Ahora, tras 25 años de vida, no va a tener a Delonte de padrastro y mandando jugada. No se sabe quién le daba a su madre lo que tampoco podía darle el cabeza de familia imaginario. Y la verdad es que nos importa bien poco. Pero Delonte...

¿Se pronunciará Lebron? ¿Sabremos qué pasó con el tema? Muchas preguntas sin respuesta, pero lo evidente es que el “no tema” no ayuda a que James digiera mejor a los rednecks de Ohio. Quizá Lebron, al decidirse por otro equipo, nos dé alguna pista. Todo apunta a que no seguirá en el equipo de su ciudad. Ni siquiera él ha podido llevar a los Cav's a la consecución del anillo para acabar con una sequía de 49 años sin un título para el estado de Ohio en el deporte estadounidense.

El descontento de King James contrasta con la felicidad de su madre. No sabemos si esto llegará a buen puerto, lo que si sabemos es que tenemos cuerda para rato con Gloria.

Pd: Parece ser que Lebron James llamó a su amigo Derrick Rose, jugador franquicia de los Chicago Bulls, tras perder la eliminatoria contra Boston, para comunicarle que quería fichar por el equipo del estado de Illinois. La pregunta es si su madre se irá con él a Chicago o si se quedará en Cleveland. ¿sola?

jueves, 5 de noviembre de 2009

El triste final del Abramovich del basket


Por Sole Leyva
Su Mercedes S500 se paró el pasado jueves frente a un semáforo de Moscú, muy cerca de la oficina de Vladimir Putin, uno de sus amigos íntimos. Dos pistoleros le esperaban escondidos en un Lada Priora, aparcado en un lateral de la calle. Dispararon hasta 18 veces contra el coche. Diez de las balas impactaron en su cuerpo.

Se acababa así el sueño de Shatbai Von Kalmanovic, 62 años, ex espía de la KGB , multimillonario amante del deporte, considerado por muchos el Abramovich del basket (era dueño y entrenador del Spartak de Moscú femenino). Su muerte, planeada, por encargo, un misterio que tiene difícil solución en un país donde el crimen viaja muchas veces bajo el paraguas del poder político y económico.

"Fue un asesinato planeado", sentenciaba la policía moscovita. Pero, ¿quién está detrás de su muerte? Echando un vistazo a su intenso currículum, el abanico se amplía como las alas de una mariposa. Nacido en la Lituania soviética en 1949, Kalmanovic se trasladó con su familia -judía- a Israel a comienzos de los 70. Fue detenido en 1986. La Justicia israelí le condenó a 10 años de cárcel acusado de espiar para la KGB. Ex agentes del servicio secreto admiten que no era un espía al uso, que pertenecía a una amplia red de agentes secretos, pero que no era un profesional. Como diría Gila, les hacía "chapuzas".

Mientras penaba condena su fortuna aumentaba ceros gracias a sospechosos negocios inmobiliarios en la capital rusa. Tras cumplir sólo siete años de condena -fue ayudado por las presiones de un importante lobby judío de Rusia y además alegó problemas de salud-, Kalmanovic volvió a Moscú, donde rápidamente montó una empresa de eventos. Entre sus méritos, llevar a actuar en Moscú en los 90 a estrellas del calado de Michael Jackson, Lizza Minelli -con la que se le vinculó sentimentalmente- o José Carreras. Para entonces ya era uno de los empresarios rusos más respetados... y forrados.

Sus negocios se diversificaron. Inmobiliarias, representación de famosos, negocios farmacéuticos, empresas deportivas. Amante del basket, a principios de los 90 compró acciones del Zalguiris Kaunas y se convirtió en dueño del Spartak de Moscú famenino, con el que ganó las últimas tres Euroligas. Gracias a él, estrellas de la WNBA, como Sue Bird o Daia Taurasi enseñaban su basket en Moscú durante el verano. Dicen que les pagaba diez veces de lo que cobraban en EEUU. Las baloncestistas eran su talón de Aquiles. Se le relacionó con varias de ellas. Cuentan que cuando alguna de sus jugadoras cumplía años, les dejaba la tarjeta de crédito para que se compraran lo que quisieran. Él pagaba.

Su último negocio, una empresa farmacéutica montada con un conocido jefe mafioso, Vyascheslav Ivankov, al que invitó hace un año a la boda de una de sus hijas -tenía cuatro hijos con tres mujeres distintas-. Ivankov fue tiroteado también el pasado verano. El negocio farmacéutico es un terreno pantanoso en Rusia y los países de su entorno. Mucho dinero en juego. En ese ámbito Kalmanovic no era un zar, como en el baloncesto, en el que invirtió millones de euros de su fortuna aun a cuenta de perder dinero... sólo por el placer de promocionar el deporte que amaba.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Los León y el extraño atentado de ETA


Por Rocheteau
Érase una vez un señor de Mula (Murcia), trabajador del registro y sindicalista, de nombre León. Tuvo dos hijos y eligió sendos nombres compuestos: Pedro León y Juan León. Y Pedro, que a su vez concibió otros cuatro, conservó la tradición: el primero fue León, a secas, y los siguientes Pedro León, Luis León y Antonio León. Cosas de una familia llamada Sánchez.

La anécdota genealógica (mejor o peor contada, ya os la sabéis todos) habría bastado para ornar las gestas deportivas de los León —Luis, 25 años, ciclista y doble ganador en el Tour, y su hermano Pedro, 23 años, ala diestra del Getafe—. Pero no para alumbrar una leyenda. Para eso hacen falta tragedia, épica, destino... y una prensa como la española, tan dada a no confirmar las informaciones.

A Pedro León padre, guardia civil, lo destinaron al País Vasco de los años 80, una sabana de tiros y banderas en la que, vestido de verde y con tricornio, se era a veces cazador y a veces pieza de safari. Sólo habían nacido León y Luis, y la familia echaba los días sin salir en la casa cuartel de Aretxabaleta.

Recuerda la prensa patria (y se cuela hasta Wikipedia), cada vez que Luis cruza el primero la meta, cada vez que Pedro la clava en la escuadra, la historia del padre guardia civil herido en un atentado de ETA en Bilbao. Recuerda la prensa patria que fue un coche bomba y que, obligado a hacer bici para recuperar la movilidad en la pierna izquierda, transmitió a sus hijos un coraje a pedales como el que propulsó a Luis, el pasado Tour de Francia, hacia la victoria en el Col d’Agnès.

Sólo que no se trató de un atentado. Ni de un terrorista de ETA. Y ni siquiera ocurrió en Bilbao. Cosas de las leyendas. «Éramos una patrulla de nueve guardias con un cabo. Nos habían mandado a cubrir el paso de un alto cargo por la autovía Bilbao-Irún a la altura del peaje de Zarauz (Guipúzcoa). Tomamos el paso y yo protegía uno de los carriles. Un coche venía de frente y no deceleraba. Me embistió y pude echarme al suelo, pero me destrozó la pierna», rememora Pedro León.

El peligroso pistolero que atentó contra él era un conductor epiléptico que sufrió un ataque justo al acercarse al peaje y se estrelló cientos de metros después. Lo último que supo Pedro de él es que había sufrido ya 20 operaciones y seguía con mala pinta. León padre sigue sin entender de dónde ha salido la historia de ETA.

—Una última pregunta: ¿por qué usted no lo ha desmentido?
—Porque no me lo preguntó nadie.

martes, 18 de agosto de 2009

La judía que hizo el saludó nazi en el 36

Por Sole Leyva
Helen Mayer era rubia, alta y tenía los ojos verdes. En su especialidad, la esgrima, era una de las mejores del mundo. Alemana de nacimiento, era el paradigma de la raza aria que Adolf Hitler quería que dominara el mundo. Un pibón de la época -sus largas trenzas rubias rompían corazones- que además era un crack cuando se enfundaba la careta.

Con 17 años consiguió la medalla de oro en los Juegos de Ámsterdam de 1928. En Alemania las muñecas con su cara se vendían como churros. Sólo tenía un gran fallo para el Führer, un fallo que resultó letal para seis millones de personas. Mayer era judía.

Tuvo suerte. Si aquel verano de 1933, cuando Hitler se alzó con el poder votado por el pueblo, no se hubiera ido de intercambio a una escuela de esgrima de California, probablemente hubiera acabado en un campo de concentración, con su maleta, sus zapatos y su florete arrinconados en algún cuartucho de aquellos malditos campos de la muerte.

Poco después de que el Führer ganara las elecciones, se descubrió que el padre de Mayer era judío. Mayer quedó exiliada en EEUU. Se le retiró la nacionalidad alemana. No fue la única.
La Asociación de Box Alemana expulsó al campeón aficionado Erich Seelig por su condición de judío. Otro atleta judío, Daniel Prenn -el tenista alemán mejor clasificado- fue expulsado del equipo de la Copa Davis de Alemania. Gretel Bergmann, una campeona de salto, fue expulsada de su club alemán el mismo dramático año de 1933.

Hitler no los quería ver ni en pintura, pero la presión internacional, principalmente de los yankis, británicos y suecos hizo que el asesino de bigote plegara alas y prometiera que incluiría en la delegación alemana a 21 deportistas de origen judío. Todo estaba planeado para convertir los Juegos del 36 en Berlín en una plataforma publicitaria a nivel mundial y no iba a permitir que nada lo impidiera.

Donde dijo digo dijo Diego. 21 fueron los que prometió y finalmente sólo se incluyó a Mayer. La rubia judía consiguió la medalla de plata para Alemania, protagonizando junto a la lección del negro Jesse Owens una de esas grandes historias que jalonan el periplo olímpico. Y es que durante la ceremonia de entrega de medallas, para sorpresa de muchos, Mayer hizo el saludo nazi mientras gritaba 'Heil Hitler'.

Se especuló en la prensa internacional con que se vio obligada a hacer el gesto -toda la delegación alemana lo debía hacer- porque dos de sus hermanos vivían todavía en Alemania y temía represalias. La prensa oficialista apuntaba que Mayer realmente no se sentía judía. Nadie nunca supo que pasó exactamente por su cabeza, pero a Hitler le vino de perlas. Era un vértice más de su maquiavélico plan para mostrar una Alemania tolerante y pacífica. Si una judía saludaba el Führer, de que tenéis que preocuparos.

Alemania acaparó la mayoría de las medallas y su capacidad organizativa y los resultados de su campaña propagandística de un régimen moderado calaron a muchos. El New York Times llegó a señalar que las Juegos habían devuelto a Alemania a "la comunidad mundial" y le habían restituido su "humanidad". Qué rata astuta el pérfido Hitler.

Una vez finalizados los Juegos, Mayer regresó a los Estados Unidos y, en 1937, consiguió el oro en Campeonato Mundial de París. Moriría 15 años después en EEUU. La esgrimista que le arrebató el oro se llamaba Ilona Scharerer Elek, y competía bajo la bandera de Hungría, que luego se alió a Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Elek también era judía.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Un comunista en los Lakers

Morrison: ¿ajedrecista pajillero o jugador de baloncesto?
Por Rocheteau
Mark Few, entrenador de la universidad de Gonzaga, recomendó a sus chavales que fuesen a misa, al día siguiente se encontró con una leyenda en la pizarra del vestuario: "Religion is the opiate of the masses".

Adam Morrison podía haber sido un fan de Magic, pero le gustaba Larry Bird. Podía haber nacido en una gran ciudad, pero el chico es de Montana. Podía haber tenido cualidades atléticas, pero aunque Dios le dio 2.07 metros, le hizo más bien lento, diabético y con cara de paleto. Así que le dio por jugar al baloncesto en una universidad de chicos blancos, católicos y tirando a red necks: Gonzaga (véase John Stockton).

Con este currículum, Morrison no parecía nacido para jugar ante Jack Nicholson, seducir a esa gran Marbella versión skyline que es Los Ángeles, ser adoptado por Hollywood como Pau Gasol y encontrar su hueco en una banda de 12 tíos vestidos de amarillo nacidos para vender camisetas. Pues, para colmo, Adam Morrison es comunista. O eso creen los yankees.

¿Qué tiene en su habitación un teenager comunista? Un póster del che Guevara. Pues nuestro alero no. A él le va la droga dura y se colgó uno de ese periodista piloso de Tréveris: don Karl Marx.

Pelo a lo afro para un blanco
Cuando Morrison era un jovenzuelo que empezaba a meterlas de todos los colores, las crónicas destacaban su tendencia 'leftie' y la ánécdota del póster. En la final del campeonato estatal de institutos, con un ataque de hipoglucemia, se cascó 37 puntos. Luego, en Gonzaga (donde su juego empezaba a encontrar eco en todo EEUU), será por genética (su padre jugó en Europa y llevaba el pelo a lo afro... siendo blanco) o por rebeldía, le dio por dejarse crecer el vello facial.
Si a los Gasol les salió una estética entre Big Foot y Robinson Crusoe, a Morrison le dio un aire guevarista guevarista que, unido a su historia "ladiabetesnopermitiráquenoseaundeportistadeélite", hizo de él carne de Sports illustrated.
Sus aficionados, ataviados con falsos mostachos, portaban camisetas con el lema: "You can't stop the stache" (No puedes parar al bigote). Las aficiones rivales preferían coros como: "¿Dónde está Scooby?", por su parecido con Shaggy, el torpón grunge dueño del perro de dibujos.

Para Morrison, fan de Rage Against the Machine, los partidos eran rituales médicos. Cuando más tarde se jugase, mejor era para su cuerpo. Comía un filete, una patata hervida y una verdura exactamente dos horas y 15 minutos antes del encuentro. Pese a ello, en algunos partidos, Morrison llegaba a pincharse insulina cinco veces, mientras sus compañeros escuchaban las indicaciones del entrenador.

Anticapitalista o algo así
En un reportaje del USA Today, le preguntaron si se sentía comunista.

- sólo me interesa cómo un hombre pudo condicionar el siglo XX 150 años antes. No soy un comunista convencido. O un anticapitalista o algo así.

También le preguntaron a Few, el entrenador. Y él dio la clave: "Algunos pensaron que era un radical. Pero no lo es, aunque profundiza mucho en las cosas. Sólo es un tipo con el que puedes debatir. Alguien que ha leído mucho. Y bien".

El chico, quizás el jugador más conocido por el gran público de la cosecha 2006, llegó a los Bobcats como número 3 del draft. Había sido elegido mejor jugador del año en la NCAA y todos le auguraban el estrellato de la NBA. Tres años después, ¿alguien conoce en España a Adam Morrison?

Unos dicen que a la NBA no le gusta tener un criptocomunista entre sus mejores jugadores. Otros, que la diabetes es demasiado para el ritmo NBA. Su segunda temporada la pasó en blasnco tras romperse el ligamento cruzado de la rodilla. A lo mejor simplemente le pasó como a cientos de rookies: fracasó.

Pero a finales de la temporada pasada, los Lakers le hicieron venir de Charlotte. Morrison ya no lleva bigote y hasta se ha cortado el pelo, como si quisiera cortar de una vez por todas con la barrila del "jugador comunista". Bueno, del jugador que leía libros. Phil Jackson no le dio bola. Jugó 8 partidos y cinco minutos de media.

Pero llegaron las ligas de verano. Y Morrison ha vuelto a ser aquel chico torpón que las metía de todos los colores: desde fuera, a media distancia, jugando al poste... Ha metido más de 20 puntos de media y empieza a merecer un hueco en el roster, al menos como reserva de Lamar Odom.

Nunca será un verdadero laker. Ni arrastrará a los fans de Hollywood al Staples. Pero igual el "jugador comunista" termina por encontrar su hueco en el templo del enterntainment capitalista.

martes, 28 de julio de 2009

Ratzenberger: como Farrah Fawcett a 315 km/h








A la izquierda, el accidente de Ratzenberg. A la derecha, el de Senna.

Por Nunn
El 25 de junio de 2009 es el día en que se murió Michael Jackson, y el anecdótico día en que se murió Farrah Fawcett, aunque nadie se acuerde. El primero de mayo de 1994 es el día en que se murió Ayrton Senna, y el día siguiente al que se murió Roland Ratzenberger, aunque nadie se acuerde. La Fawcett se fue a unos cuantos kilómetros de Jacko, los dos en la soleada California. Ratzenberg se mató en el mismo circuito, Imola, en el mismo Gran Premio, San Marino, y por la misma causa, accidente de su monoplaza, que Ayrton Senna. Lo acojonante del asunto es que nadie se acuerde de él.

Pues sí, en la clasificación de aquel GP, que quedará para siempre en el recuerdo porque se estrelló el gran campeón brasileño, también tuvo un accidente un piloto menor, Roland Ratzenberger, que se destrozó la cabeza en la curva Villeneuve. Era la clasificación y el tipo decidió jugarse la vida: en la vuelta anterior se había golpeado el coche y tenía el alerón delantero en mal estado. En vez de parar, siguió. El coche se le fue a 314,9 kilómetros por hora y ahí se acabó su vida y su carrera en la F1. Efímera, que dirían los cursis.

El tipo, austriaco de 34 años y toda una vida peleándose en divisiones inferiores, había conseguido el sueño de su vida: un contrato por cinco carreras con la escudería Simtek en el paraíso de los pilotos, el circo que corre la minoría triunfadora. En la primera no se clasificó; en la segunda quedó undécimo, lo que quizá era un pedacito de pasaporte para un contrato para toda aquella temporada. Por eso, quizá, fue al límite. Y por eso, quizá, se mató. Aunque, evidentemente, algo habría que hacer para evitarlo. O no.

Y el gran premio se corrió...

Alguien debió parecerle poca razón para que aquella carrera se parase. Un luto menor, el tal Ratzenberger. Y eso que en 12 años no había muerto nadie en un circuito de F1. El GP de San Marino se corrió, y ahí se acabó la vida de Ayrton Senna, campeón de campeones, el caballero de la F1, el ídolo de todos. Lloraron, patalearon, se histerizaron, ¿cómo-ha-podido-pasar-esto?

Posiblemente, por lo mismo que el día anterior, por lo que se demostró que era una falta alarmante de seguridad en los circuitos. O quizá no, que lo de Ratzenberger fue una locura fruto del hambre del que busca lo que siempre soñó en el reino del peligro, a velocidades en las que pensar debe ser una heroicidad.

En el coche destrozado de Ayrton Senna, junto a su cadáver, encontraron, arrugada, una bandera de Austria. Pretendía sacarla al acabar el Gran Premio. Max Mosley optó por ir al funeral de Ratzenberger en vez de al del brasileño. "Se habían olvidado de él. Todos iban al funeral de Senna y nadie al suyo. Era importante que alguien estuviera allí". Hoy quedan como dos gestos efímeros, que dirían los cursis.

Pasaron 15 años de aquello y, como toda fecha múltiplo de cinco, la prensa desempolvó homenajes y bondades del piloto fallecido. De Senna, claro. De Ratzenberger, ni rastro. Como, posiblemente, ocurrirá dentro de cinco años con Farrah Fawcett.

domingo, 5 de julio de 2009

La leyenda (falsa) de Ricky y el chasco de Claver


Por David Burress
Es lo que tienen las estrellas. No sólo son buenas, sino que también les crecen leyendas a su alrededor... aunque sean falsas.

Ricky Rubio se dio a conocer al mundo en la primera minicopa donde realizaba cuadruples dobles en 32 minutos y se paseaba a su antojo.Para los que le seguimos desde hace mucho, en baloncesto mini ya iba un paso por delante. Su consagración fue el campeonato de España de Avilés en el que, siendo infantil de primer año y jugando contra los de segundo, metió 38 puntos en la final al entonces Adecco Estudiantes con 14 de 15 en tiros libres aunque finalmente no pudo llevar a su equipo a la victoria.

Y ése es uno de los bulos creados por Marca, El Mundo, As y todos los periódicos y portales de internet sobre los famosos "cuatro años sin perder con La Penya" de Ricky Rubio. Pues no, esa final del año 2003 la perdió. Fue su generación la que no perdió un partido en 4 años pero él sí. Y a esa derrota le siguieron otras, más tarde: con la selección catalana perdió hasta 2 finales de campeonato de España ante la Selección de Madrid. Si alguien tiene dudas, incluimos el vídeo.

Lo cual no resta un ápice a su sacrificio, humildad y capacidad de liderazgo, a pesar de jugar siempre contra jugadores uno y dos años mayor que él (en club y en selección). Desde infantil ya iba convocado con la selección española de un año más, algo que casi nadie ha conseguido en categorías inferiores: ni Sergio Rodríguez,ni Pau Gasol, ni Felipe Reyes ni uno de los mejores jugadores en categorías inferiores: Juan Carlos Navarro.

Aíto, cuando era cadete de primer año, comentó en el campeonato de España que era diferente e iba para estrella. Tanto es así que tenía 14años, recordemos que es de diciembre, y se lo llevó a hacerla pretemporada con el primer equipo.

Anticipo en Slam

Por lo que respecta al draft, lo que sabíamos algunos desde mayo por su círculo cercano es que Ricky no va a ir (o no quería ir) a la NBA. Para la prensa, todo ha cambiado tras el draft, cuando realmente la decisión del crack verdinegro no se ha modificado desde entonces.

Los deseos de Ricky Rubio eran salir elegido en segunda o tercera elección, o en su defecto conseguir jugar en la Gran Manzana. Tras ser elegido el 5º del draft, lo único claro es que todos los equipos que elegían después del 1 de Blake Griffin (jugador de otro planeta) han cometido un error.

Luego está el chasco de Victor Claver, que no quería aparecer entre el 25 ó el 30, para madurar en Europa y, cuando sea una estrella, negociar su contrato libremente, que es lo que hacen los jugadores de segunda ronda. Sin embargo ni lo uno ni lo otro: Ricky número 5 y Claver número 22, toda una sorpresa. Ya lo decían las palabras de este último: "No era lo planeado, pero si un equipo cambia tres elecciones para poder escogerte es que realmentetiene interés".

Posdata: La elección del draft de Victor Claver por los Blazers tuvo un anticipo en la entrevista que mantuvo el manager general de la franquicia Kevin Pritchard (ex jugador del Cáceres 1992-1993) con un afamado periodista de la revista Slam. Tras recordarle los históricos fallos de Portland en la elección de draft: Sam Bowie con el número 2 en lugar de Michael Jordan en el draft del 84, Mychal Thompson número 1 en vez de Larry Bird en el 78 y La Rue Martin en lugar de Julius Earving (nº 12) o Bob McAdoo (nº 2), el redactor le aleccionó con la máxima que siempre defendió Jerry West: en el draft no se elige según la posición que necesites, sino un jugador de cara al futuro. Y le sopló quién era este año el jugador de mayor talento y el gran 'robo' del draft: Víctor Claver. Pritchard le hizo caso.

jueves, 25 de junio de 2009

La distancia entre Drazen y Ricky

El gran Drazen, Mozart del baloncesto.
Por John Wyatt
El halago exagerado puede hacer tanto o más daño que la crítica feroz. En Ricky Rubio, que esta noche se juega su futuro en el Draft de la NBA, se aprecian rasgos que ya lo emparentan con los grandes de nuestro baloncesto: la visión de juego de un veterano, intensidad defensiva, contraataque feroz, velocidad, desparpajo y, sobre todo, fantasía a la hora de repartir pases. Su talento es incuestionable, pero las comparaciones con otras estrellas europeas le quedan, de momento, muy muy grandes.

La revista croata Superkosarka, uno de los magazines de basket más prestigiosos de Europa, presenta a Ricky Rubio posando con mirada desafiante y, como no, un balón de baloncesto en la mano. En el texto que acompaña la entrevista, el redactor apunta dos nombres: Drazen Petrovic y Pete Maravich.

A Maravich los de mi generación no le hemos visto nunca jugar, así que de él no opino. Pero la comparación con Drazen Petrovic es, cuanto menos, desafortunada. Y más viniendo de una revista croata.

Trabajo, trabajo, trabajo

El genio de Šibenik destacó en todas las categorías en las que jugó, se impuso a casi todas las situaciones adversas, incluido un primer año difícil en la NBA, y trabajó con tesón en aquellos aspectos en los que en principio flojeaba. ¿Mal tirador en su adolescenccia? ¿Mal defensor en el Real Madrid? Sus últimos años en los Nets ya lo presentan como un jugador completo, musculoso, realizado, una versión 2.0 de aquel chaval delgaducho con el pelo ensortijado que hacía cortes de manga al público del Raimundo Saporta.

Drazen, ya desde su etapa en el Šibenik y en la Cibona, sorprendía a todos por sus maneras de líder en la cancha. Daba igual que tuviera 17 años. Se encaraba con los rivales, retaba al público y pedía los balones más calientes en los finales de partido más apretados.

En su primera etapa no era buen tirador de tres, pero lo compensaba con un tiro en suspensión y una entrada a canasta dignos del mejor Jerry West. De aquellos años datan los 112 puntos, récord hoy insuperable, que le endosó él sólo al Smelt Olimpija esloveno en 1985.

Su éxito no era fruto de la casualidad. Después de disputar los partidos de casa, pedía permiso para quedarse en el pabellón durante un par de horas tirando mientras algún fan, elegido por él de entre el público, iba pasándole balones. Sólo de esa manera, con los años, fue convirtiéndose en el mejor tirador de tres puntos que Europa había visto desde la irrupción de Nikos Gallis.

Cuando fichó por el Real Madrid ya lo había ganado todo en Europa, era un auténtico asesino desde la línea de tres y promediaba 40 puntos en Yugoslavia. Después de un año mágico en España, sólo ensombrecido en Liga por el Barca de Solozabal, Epi, Norris y un árbitro de cuyo nombre no quiero acordarme (dejó al Real Madrid con sólo cuatro jugadores a falta de cinco minutos en el Palau), legó para el recuerdo una increible final de la Recopa en la que se enfrentó a su alter ego, Óscar Schmidt Becerra, el legendario cañonero brasileño (ver vídeo).



Él solito (64 puntos) resistió los triples de Óscar (48 puntos), Gentile, Expósito y Dell’Agnello. El Real Madrid ganó el partido, la NBA se fijó en él y el Mozart de Šibenik decidió, como sus amigos Divac, Radja y Kukoc, cruzar el charco.

Su primer año en los Blazers fue el periodo más frustrante de su carrera. El técnico Rick Adelman, actual técnico de los Kings y posible 'herr director' de la nueva etapa de Ricky, le destrozó.

Le pidió que defendiera, que se sacrificara, que hiciera faltas, que reboteara... Y lo hizo. Se metió en el gimnasio cuatro horas al día, se adaptó a la nueva distancia de tres puntos, aprendió a defender echando el bofe y no se quejó por ello. Terminó aquella temporada con 12,5 puntos de media y emigró a los Nets, el mejor destino posible. Allí el jugador vivió su mejor momento, hizo partidos legendarios, batió el récord de triples y se ganó todo el derecho a ir al All Star. Superaba, partido sí y partido también los 30 puntos.

Su última participación que recordamos antes de su fatídico accidente fue la de la final contra el Dream Team en Barcelona, con 10 minutos para el recuerdo, con el tipo metiendo triples, encarándose con Jordan, abroncando en un tiempo muerto al flojeras de Komacek, que lo imitaba descaradamente, y resistiendo él sólo las embestidas del mejor equipo de la historia.

¿Y en una revista croata lo comparan con Ricky Rubio? ¡Si Ricky no sabe tirar de tres!

jueves, 21 de mayo de 2009

El diván del Baskonia

Por Qadir Jeelani
Ah, Vitoria, la bella Gasteiz: el barrio medieval de piedra y pizarra, el suave ensanche burgués, los bosques acechantes, el bello cementerio en el centro de la ciudad, el nosequé de ciudad de provincias rica, el "de aquí, de toda la vida", en boca de sus habitantes, la represión sexual, el frío, el frío, el frío...

Un escenario clásico para cualquier relato de horror psicológico. Con menos que eso, Thomas Bernhard y Salzburgo se hicieron mutuamente felices y famosos.

Pero no nos dejemos llevar por lo novelesco. Vitoria está en nuestros corazones, básicamente, porque tiene un equipo de fútbol muy malo y un equipo de baloncesto muy bueno y muy desquiciado llamado Baskonia.

Lo interesante, claro, es eso de 'desquiciado'. Empecemos por su superintendente, Josean Kerejeta (cuando jugaba en el Real Madrid, se llamaba Querejeta, aunque no quisiera que este texto se leyera en clave política), que ha impuesto una fuerte 'cultura empresarial' (ay, qué palabras) basada en estar sistemáticamente en el límite de la norma, y si se puede, un pasito más alllá, abriendo caminos. Nada que reprochar. Con ese método, han llegado éxitos impensables para la SAD de una ciudad de 220.000 habitantes.

Pero eso marca.

¿Hacemos un poco de psicología colectiva sobre la afición del Buesa Arena? Este tipo de discursos tienden al infantilismo y a la bobez, lo sé, pero no puedo evitarlo: en términos postfreudianos, diríamos que en la psique baskonista hay una zona seca/dura/masculina representada por la imagen de Dusko Ivanovic y Andrés Nocioni conjurados durante algún partido del Periodo Clásico Baskonista (PCB, en mayúsculas,por favor). Y hay una zona húmeda/blanda/femenina que reside en el famoso triple de Alberto Herreros, frustrante final de ese PCB.

Cinco casos clínicos

Pero, queridos aficionados a la psiquiatría, mejor haremos si nos fijamos en la plantilla baskonista, en la corta y admirable rotación que dirige Ivanovic, el superyo baskonista : Prigioni, Rakocevic, Roe, McDonald y Splitter; Ilievski (ahora, el temporero Lucas), Vidal, San Emeterio, Teletovic y Barac (ahora, el temporero Baldo). Cuatro superclases, tres muy buenos jugadores, el clásico 'underachiever' castigado de todos los equipos de Ivanovic (recordemos a Marc Gasol), un par de figurantes... Y, sobre todo, cinco casos de diván clarísimos. Seis, si se tiene en cuenta al propio 'coach I', sujeto evidente de manías compulsivas. Y siete, si consideramos al gran villano del baskonismo, el bipolar Felipe Reyes.

Los enumeraré de menor a mayor interés.

En el admirado Tiago Splitter se observan rasgos de melancolía y tendencias depresivas relacionados con el síndrome Lord Jim (no lo busquen en las enciclopedias, me lo inventé yo mismo hace unos años en una taberna). Como el personaje de Conrad, Tiago es el más talentoso, el más guapo, el más especial de los muchachos del Baskonia. Pero sobre su conciencia pesa aquel inverosímil saque de fondo que entregó al Real Madrid el balón del famoso triple de Herreros. Y cada partido apretado que deviene en un calvario de tiros libres para el pobre Tiago, que se enfrenta al reto de la redención. Carne de psicoanálisis liberador clásico.

En Will McDonald, el cuadro es fácilmente observable: ensimismamiento, emotividad mal canalizada, tendencia a la indisciplina, apatía, episodios de agresividad... La tentación es atribuir este comportamiento a una causa psicosocial, más que psíquica (el pobre chico negro, insatisfactoriamente educado, crecido en un ambiente violento...), aunque eso huele a paternalismo postracial. En cualquier caso, el tratamiento es sencillo y, en resumen, conductista. ¡Ánimo Will!

Tengo mis dudas en el caso de Mirza Teletovic, mocetón bosnio-croata de muñeca maravillosa y condiciones físicas privilegiadas, defensor regularcito y buscapleitos habitual. Y además, de un tipo de buscapleitos muy especial. A diferencia de otros duros como Felipe Reyes (que se meten en líos por episodios de enajenación o trastorno bipolar) o Axel Hervelle (mamporrero por cierto código del honor equivocado), Teletovic parece meterse en líos por gusto. Se diría que se ha dado impunidad para ser malo, lo que se ajusta bastante a la definición clásica de la personalidad psicópata. Pero aquí surge la duda: ¿Es Teletovic (Teletubbie, coloquial y paradójicamente) un verdadero psicópata sin superyo? ¿O es el suyo un problema de simple inmadurez? ¿Lo tupimos a píldoras? ¿O bastará con un proceso de reeducación emocional? Habrá que esperar.

Las dudas sobre Teletovic tienen que ver con el ejemplo vecino de Pablo Prigioni, el caso más claramente clínico de la plantilla del Baskonia. Como ocurre con los psicópatas, Prigioni discurre normalmente y tiene un discurso inteligente. Sin embargo, su interlocutor, al cabo de unos minutos, empieza a descubrir la desconexión emocional del paciente. El psicópata no siente empatía hacia el otro. Pigrioni, tampoco, y de ahí sus arranques de furia ante decisiones arbitrales contrarias y razonables o cuando Ivanovic lo relega al banquillo al término de partidos en los que el Baskonia gana de 35. Su caso, además, está agravado por episodios de desrealización y percepción alterada (aquella final Tau-Unicaja, aquel tiempo muerto de Scariolo) y adornado por una lucidez escalofriante, propia de una película de asesinos en serie. Pide a gritos una camisa de fuerza.

Superioridad moral

Menos grave, pero aún más fascinante me parece el caso de Igor Rakocevic, libre de enfermedades mentales pero anclado en el pantanoso terreno de las angustias. Digámosllo claramente: Rakocevic es el perfecto caso para un psicoanalista, dado que el gran tema de su vida es el placer y el deseo como problemas. Jamás me canso de ver a Rako en acción, impaciente y aseteado por los tics cada vez que se le escapan dos posesiones sin poder cumplir su deseo ni obtener su placer: tirársela él. Hubo un tiempo en el que veía a Rakocevic con la antipatía que despiertan los jugadores egoístas. Hoy me merece toda la ternura del mundo.

Sí, ternura. Ejemplos como el suyo me sirven para defender otra teoría de mi propia cosecha: "El baloncesto tiene una dimensión psicológica que jamás tendrá el fútbol". La cancha cercana, su población limitada y las interrupciones en el juego permiten que los jugadores se expresen emocionalmente, que los espectadores observen su lenguaje corporal y sus dinámicas de grupo y que sepan de ellos lo que jamás podrá aprender un abonado con asiento en la fila 42 de Mestalla. Desde allí, se ve a los jugadores como lejanas manchitas de colores en movimiento.

Ay. Al final, todo esto nos ha conducido a la triste imagen de siempre: un nacionalista del baloncesto solitario e incomprendido proclama su superioridad moral sobre el fútbol sin que nadie le haga caso. Y digo lo de nacionalista porque a veces me siento como un votante de ERC, atormentado al comprobar que los de al lado (los del fútbol, los españoles...; gentes peores, en cualquier caso) gozan de un prestigio que a nosotros se nos niega. Por eso estamos siempre con esta fastidiosa letanía: Soymejorquetú, soymejorquetú, soymejorquetú.

El que necesita un psiquiatra quizá sea yo.

domingo, 17 de mayo de 2009

Los lunes al sol... del tenis


Por Lola Dirceu
El pasado miércoles 13, el remolcador Vicente Boluda, horterísima margarita en el ojal, pasaba por los palcos y eludía con mucha habilidad (y delante de una servidora) saludar a Arantxa de Benito. La ex presentadora y ex parienta de Guti competía en pellejos colganderos, cara ajada y zodiac en los labios con su amiguísima Marta Sánchez; unos metros más allá, Raúl González tenía que aguantar las voces irónicas que pedían su regreso a la selección mientras el ÑBA Rudy Fernández se preguntaba qué coño hacía sentado junto a Parejo (como mucha gente en Chamartín se pregunta el porqué de su regreso del Queen’s Park, sería la cuota de cantera para aplacar al personal, digo yo); muy cerquita, Juande Ramos entretenía su agonía llevando a su mujer a deporte tan elitista, y justo enfrente, Javier Hidalgo, hijo del ex dueño de la Unión Deportiva Salamanca, heredero de Air Europa y supercolega de megafiestas de Ronaldo, vacilaba de pibón (otra más) mesándose la barba de rufíán. Por la banda, Robben eludía autógrafos con su proverbial zigzag de cadera, escorándose cada vez más al centro, más al centro, más al centro….
Todos ellos, y parafraseando con permiso a los amigos de Gomaespuma, entonarían aquello de
“Estoy loco por el tenis, me encanta su juego tan emocionante,
estoy loco por el tenis me encanta su ritmo tan electrizante
estoy loco por el tenis y lo quiero practicaaaaaaaar
para ver si mañana soy un Santana para triunfaaaaaaaar”
Luego llegó el viernes y Guti se acicalaba su flequillo junto a Bimba Bosé, Wesley Snejider y un colega del holandés que estaba sobao y que parecía el hermano gemelo de Pipo Inzaghi (comprobar en la foto). Al bueno de Ujfalusi, mal defensa del Atleti con pibón pertrechado a su cadera cual cesta de nardos, le dieron un asiento de mierda vaya a usted a calcular cuántos palcos más arriba. Balompédicos e ilustres asistentes que podían haber salido de la Caja Mágica e irse a la Fundación Tomillo, calle Albuñuelas, 15, 28041, Madrid, y que está a dos pasos. Le aconsejo esta dirección porque allí hay un centro de Servicio Público de Empleo dependiente de la Comunidad de Madrid. A mi novio, al que han echado del curro hace bien poco, le acaban de mandar un carta para que vaya para allá, creemos que para acuda a algún curso para recolocarle o reorientarle, o para que le fiche el Manchester City, vaya usted a saber. Según viene en la carta con grandes tipos de letra se trata de PROGRAMAS EXPERIMENTALES. ¡Qué ilu!, deben de ser programas de laboratorio, de cobaya, que bien pueden ser formar parte de la nueva alineación del Atleti 2010, sentarse en la nueva junta directiva del Real Madrid, sugerirle fichajes a Manolete o ser abducido por un “ser superior”.

Valorándolo todo me quedo con esto último porque como bien dice Emilio Sánchez Vicario, si “un día llegó un platillo volante y soltó en las pistas de tenis a un extraterrestre llamado Rafa Nadal”, otro buen día de 2009, vísperas de San Isidro, regresó un mesías de las finanzas, allende las constructoras, para hacerse verbo en un salón del hotel Ritz. Se llama Florentino Pérez y con su advenimiento/regreso, como el del santo patrón del foro, brotó el agua, bajó el Euribor, y la hinchada merengue soñó con coleccionar esos cromos de Panini que luego tienes que pagar a precio de oro en el Rastro.

Puestos a pedir, Oh Floren todopoderoso, también podías dar curro a diestro y siniestro a todos lo peloteros que se queden sin curro y van, tristes de ellos, a enjugar sus penas al tenis. Y puestos a pedir, yo al gran yoda merengue, frugal en el vestir y en el yantar, le pediría que entrara en el Gobierno de Zapatero, que diseminara un maná de recolocaciones, que revisara las hipotecas a la baja cada dos meses y que bajara de precio de los tarros de palmito de Gigante Verde que venden en el Ahorramás, que sin él las ensaladas no saben a nada.